La Comisión para los Derechos Humanos y la Ciudadanía (Codehciu) entrevistó al activista Yendri Velásquez, quien  habló sobre el contexto de vulneración de derechos hacia las personas sexo diversas en el país.

 

 

Prensa Codehciu / foto de portada cortesía de El Estímulo

 

Junio es el mes del orgullo pero el colectivo de personas gais, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales y queer (LGBTIQ+) en Venezuela continúa siendo blanco de discriminación,  atropellos a su dignidad e ignorado por un Estado que no garantiza calidad de vida ni otros derechos humanos consagrados en la Declaración Universal.

 

En 2017 Venezuela fue el cuarto país con más asesinatos a personas sexo diversas según el Observatorio de Personas Trans Asesinadas, con sede en Viena. En un país sin legislación que los proteja y que tampoco respete sus derechos humanos, este sector de la población se encuentra completamente desprotegido.

Entre enero de 2009 y mayo de 2017  Venezuela registró 109 asesinatos a personas de la comunidad LGBTIQ+, según alertó el informe.

Por otro lado Venezuela es uno de los países de América Latina en los que aún no se aprueba el matrimonio igualitario, lo que significa una violación a derechos civiles básicos. Pero esto es solamente una parte del problema. La discriminación, falta de oportunidades, inexistente reconocimiento a la identidad de personas transexuales, atropellos, asesinatos y medios de comunicación con lenguaje poco inclusivo, dibujan un panorama caótico.

 

 

En 2015 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) alertó en su 154º período ordinario de sesiones que en Venezuela no hay reconocimiento de las familias diversas y no se llevan a cabo investigaciones relacionadas a crímenes contra personas LGBTIQ+. Esta es una realidad que persiste 5 años después.

 

Además, la violencia tampoco ha cesado.

 

Jorge Granado es una de las víctimas más recientes de la homofobia en el país. El 31 de mayo de 2020 el joven gay de 26 años fue atacado físicamente por un grupo de desconocidos, en Ciudad Guayana, en el estado Bolívar; los hombres además trataron de extraerle información personal. Una crónica del portal web Noticiero Digital cita a la víctima: “No dejaban de preguntarme por mis amigos. Ellos sabían quiénes somos y sabían que siempre paso por ahí”.

 

El caso de Granado fue comentado y compartido en redes sociales junto a la fotografía de su cara ensangrentada e hinchada debido a los golpes.

 

Alexandra Peña fue una mujer transgénero, estilista de 32 años de edad, asesinada en el estado Lara en febrero de 2017. Su cuerpo fue hallado sin genitales y sin ojos.  Reportes de prensa indican que le dispararon en el cráneo y en la pierna derecha. Seres queridos de la víctima explicaron a El Impulso que esta  había sufrido  burlas y señalamientos en su contra días antes de su muerte.

 

La Comisión para los Derechos Humanos y la Ciudadanía (Codehciu) conversó con Yendri Velásquez, activista LGBTIQ+ en Venezuela, quien alertó cómo todas estas vulneraciones persisten en el 2020.

 

Instagram: @yendri.v

 

−En Venezuela los derechos humanos de la comunidad LGBTIQ+ no están siendo garantizados pero esta realidad va más allá del matrimonio igualitario. ¿Cuáles otros derechos les son vulnerados?

 

− Cuando se niega o se vulnera un derecho esto tiene consecuencias en el goce y disfrute del resto. Aquí cobra sentido la interdependencia y un claro ejemplo es la realidad de las personas trans: al (Estado) negar el derecho   a la identidad, hay consecuencias en el derecho a la educación, al empleo, en el acceso a la salud y la justicia, por ejemplo.

Más allá del derecho a conformar familia, la inexistencia de medidas para la antidiscriminación por orientación  sexual, identidad de género y expresión de género tiene un impacto en el resto de los derechos cuando no se garantiza a los jóvenes LGBTIQ+ a recibir educación en un ambiente de paz, en un ambiente libre de acoso, libre de discriminación, y cuando los recintos de salud niegan atender a personas LGBTIQ+. La vulneración de un derecho tiene consecuencias en el goce y disfrute del resto.

 

−¿Qué cambiaría si hubiera educación orientada a la identidad de género y a la orientación sexual en los liceos venezolanos?

 

La experiencia en otros países nos habla de jóvenes más abiertos y respetuosos ante la diversidad y jóvenes LGBTIQ+ con menos intención suicida, ya que aceptan su orientación sexual y/o su identidad de género con menos prejuicios. Cuentan con un ambiente escolar con menos acoso homofóbico y tienen más herramientas e información sobre la sexualidad.

 

−¿Han sido los medios de comunicación venezolanos actuales discriminatorios hacia la comunidad LGBTIQ+? ¿Han demostrado interés en el tema y manejado bien el uso de términos?

−Los medios de comunicación han mostrado mayor apertura a mostrar la realidad de la comunidad LGBTIQ+ en Venezuela.  Ahora, no necesariamente se traduce en un buen manejo de los términos y los enfoques y eso se hace notar cuando reportan crímenes de odio hacia personas LGBTIQ+ y se refieren a mujeres trans como «hombres disfrazados» o algún tipo de etiqueta despectiva.

Hay que rescatar la labor de varios periodistas que se dedican a investigar y se preocupan y ocupan por respetar la dignidad de las personas sobre la que escriben las historias, como también la labor de la organización Caleidoscopio Humano donde apostamos por un periodismo más humano y brinda herramientas para que los medios de comunicación puedan generar información donde se pueda empatizar con las víctimas, sin que estas personas sean revictimizadas.

 

 

−¿Cuánto nos falta avanzar en materia de DDHH de la comunidad LGBTIQ+ en comparación con el resto de América Latina?

−Si apartamos las islas del Caribe, Venezuela es uno de los países más atrasados en la región en materia de derechos de las personas LGBTIQ+, pero además se ha profundizado por la crisis de derechos humanos que actualmente estamos padeciendo.

Las comparaciones a veces son mezquinas pero si lo hacemos con Colombia la diferencia es abismal. En Colombia existen políticas públicas regionales y nacionales que han hecho avanzar en materia de reconocimiento de derechos y lucha contra la discriminación.

En Venezuela, los pocos enunciados que existen en las leyes no tienen mecanismos efectivos (en relación a los derechos de la comunidad sexo diversa). Y esto ha empeorado a través de la destrucción de la institucionalidad.

 

 

−¿Cuáles características particulares tiene la homofobia en Venezuela?

− La homofobia y transfobia tienen una base en el sistema patriarcal heteronormativo, el mismo sistema discriminatorio en el que se basa  la misoginia, que además viene siendo reproducido con mayor énfasis desde los grupos religiosos y las cúpulas militares.

La homofobia a la venezolana está muy naturalizada porque nos convencimos erróneamente que el «chalequeo» no es bullying y que ese «chalequeo» no tiene un impacto negativo en quien es el centro de la burla.

Los chistes, refranes, dichos y discursos políticos homofóbicos son narrativas que promueven y reafirman los prejuicios y que al final validan a quienes agreden a las personas LGBTIQ+, validan a los políticos que por decisión no incluyen a los sectores de lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersex.

 

−¿Qué opinas de eso que dicen algunos sectores en redes sociales sobre que «Venezuela no está preparada para cambios en materia LGBTIQ»?

 

− ¿Qué preparación necesitamos para empezar a respetar a las demás personas?  El centro de la discusión debe ser si vamos a generar políticas y medidas para garantizar la vida de las personas LGBTIQ+, si nosotros como miembros de una comunidad vamos a empezar a construir relaciones más respetuosas.

La realidad es que a las personas LGBTIQ+ nos están negando derechos. Estamos siendo foco de violencia  y discriminación en todos los ámbitos de la sociedad.

 

Sigue la lucha

El activista también agrega que la emergencia humanitaria compleja que vive el país ha tenido un impacto negativo en el activismo: “Muchos activistas tuvieron que irse por las condiciones en las que estaban viviendo acá; muchos eran sostén de su hogar”.

Pero la crisis también trae cosas buenas: el crecimiento de una comunidad que se fortalece a pesar de las adversidades. Aumenta el ánimo de la sociedad civil por defender los derechos LGBTIQ+, sobre todo en los más jóvenes, para entender más sobre sus vulnerabilidades y participar en la difusión de mensajes en campañas.

“En estos momentos estoy bastante entusiasmado”, continúa Velásquez, ante la aparición de nuevas organizaciones en Venezuela lideradas por jóvenes, “esto era sumamente necesario para fortalecer el activismo en el país”.

 

Codehciu, como organización defensora de derechos humanos, apoya la lucha de los miembros del colectivo LGBTIQ+. Exhorta al Estado venezolano a legislar y promover estrategias que garanticen la defensa, respeto, integridad y el reconocimiento del contexto de cada venezolana y venezolano, gay, lesbiana, bisexual, transexual, intersexual, queer.

 

 

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