Henry Patiño, con la colaboración de Raúl Vejar / foto de portada: ONU

 

«La paz no es simplemente la ausencia de conflicto; la paz es la creación de un entorno en el que todos podamos prosperar, independientemente de la raza, el color, el credo, la religión, el sexo, la clase, casta o cualquier otra característica social que nos distinga». (Nelson Mandela)

 

 

Cuando Mandela hablaba de  la paz como la creación de un entorno en el que todos podamos prosperar, sin duda alguna se refería al alcance de los derechos humanos para cada individuo. Estos no discriminan de ninguna manera, y son inherentes a la condición humana, es decir, nacen con nosotros. Pero debemos entender que el legado de Mandela en la humanidad va más allá de frases inolvidables, está más cercano al alcance de la igualdad en derechos que, si analizamos a profundidad, a pesar de que estamos en el siglo XXI, aún no todas las sociedades han logrado. Entre ellas, la venezolana.

El Diccionario de la Real Academia Española define “paz” de diferentes maneras: “Ausencia de ruido o ajetreo en un lugar o en un momento”, “relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos”, “estado de quien no está perturbado por ningún conflicto o inquietud”. Si tomamos estos conceptos y además los unimos al de Mandela, ¿puede Venezuela considerarse cercana a la paz? Durante esta emergencia humanitaria compleja, visibilizada diariamente por organizaciones de la sociedad civil venezolana como Codehciu, y a la que la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) en reiteradas oportunidades ha hecho mención,  aunada a la actual pandemia por el COVID−19, se refleja una ausencia completa de calma y una carencia de calidad de vida en los hogares de cada venezolano.

Somos el país más violento de América Latina, según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), con 16.506 fallecidos por muertes violentas en 2019. Otros entes como la organización Human Rights Watch y el ACNUDH también han alertado sobre ejecuciones extrajudiciales en zonas empobrecidas del país. Codehciu registró 65 muertes potencialmente ilícitas entre abril y mayo de 2020. ¿Está la paz de la que habla Mandela lejos de nuestro alcance?

 

 

Hablemos ahora de este personaje, conmemorando su día Internacional. Nelson Rolihlahla Mandela, también llamado Madiba, nace el 18 de julio de 1918, en Mvezo, Umtata, capital del Trasnkei, (Sudáfrica), pertenecía  a la etnia xhosa,  ingresó en la Universidad de Witwatersrand  (Johannesburgo), donde se graduó, en 1942, como abogado. Su vida estuvo marcada por una lucha permanente en el plano político, sufriendo encarcelamientos en varias oportunidades por reclamos en el tema de los derechos humanos.

Se inicia en la actividad política siendo estudiante universitario lo cual lo lleva a prisión en el año 1940, en 1944 forma parte del Congreso Nacional Africano  (CNA),  que abogaba por los derechos de la población negra del país, liderando  las campañas de no violentas contra el apartheid o segregación racial. Organizó numerosas protestas en un contexto  en el que el gobierno reprimía los manifestantes con sangre y violencia, siendo  capturado y condenado a cadena perpetua. Pasando 27 años de su vida en condiciones precarias (1963-1990); en la que la violación a sus derechos se convirtió en cotidianidad y aun estando en prisión no dejó de liderar movimientos en contra del apartheid, el cual fue un sistema excluyente impuesto por una minoría blanca en contra de la población negra sudafricana, caracterizado por prácticas discriminatorias, como la no participación en elecciones, confinamientos  en ciertos sectores de las ciudades, educación solo para los trabajos manuales, negación de la ciudadanía, negación de algunos servicios públicos.

Mandela se convirtió en un poderoso símbolo de resistencia para el ascendente movimiento antiapartheid, negándose en repetidas ocasiones a comprometer su posición política para obtener su libertad, lo que develaba una férrea postura con sus principios éticos  y compromisos políticos.

Durante el juicio en el que se le condenó a cadena perpetua Mandela declaró:

“He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He abrigado el ideal de una sociedad libre y democrática en que todas las personas vivan unidas en armonía y con las mismas oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero conseguir. Pero es un ideal por el que estoy preparado para morir, si es necesario”.

En 1990, el mismo año en que fue liberado por el presidente F.W. de Klerk, se le concedió el premio Lenin de la Paz y en 1992, Príncipe de Asturias, en 1993, el premio Nobel de la Paz y para 1999, la Medalla Presidencial de la Libertad, recibió más de 200 reconocimientos internacionales  a su entrega por los derechos humanos, entre los que se encuentra el Premio Internacional Simón Bolívar, compartido con el rey Juan Carlos I, en 1983. Recibió más de 50 títulos académicos honoríficos y una gran cantidad de plazas, calles y edificios nombrados en su honor. En  1994 por decisión electoral  se convierte en el primer presidente negro y democrático de Sudáfrica. Su proclamación pone fin a 342 años de dominio blanco y a 46 de régimen de discriminación racial conocido como apartheid. En el año 2009, el 18 de julio fue declarado por las Naciones Unidas Día de Nelson Mandela como un reconocimiento internacional a una vida consagrada a conseguir la paz, la tolerancia, la justicia y una lucha permanente por los derechos humanos. También se reconoce este día como reivindicación para promover también las condiciones de encarcelamiento dignas.

 

El gran logro de Nelson Mandela fue unificar Sudáfrica y luchar por la reconciliación entre los negros y la minoría blanca en la era posterior al apartheid, como presidente  tuvo una participación permanente en la reconstrucción de su país, uniendo sectores que se encontraban enfrentados por diversos intereses, grupos radicales que no asumían la paz como el camino para  la liberación y  la unificación. Fue un  estadista aplaudido mundialmente, participando activamente en acciones de mediación con adversarios  y allegados.

Reconciliación, paz, libertad, democracia, derechos humanos: los sueños de Mandela. Todos ellos posibles de materializar, siempre y cuando los Estados por fin entiendan que la dignidad no se negocia. La sociedad civil no debe rendirse ante las penurias, en la exigencia de lo que nos corresponde a todos por nacimiento.

 

‘La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre  ha hecho lo que él considera su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré toda la eternidad’ (Nelson Mandela, 1996).

 

 

 

Fuentes consultadas:

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